«Y uno gritaba a otro y decía: "¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!"».
La santidad perfecta del Señor declara que Dios está por encima de todo. Su gloria no está limitada, sino que llena toda la tierra, dando testimonio de Su majestad en todas partes.
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