«Las palabras agradables son como un panal de miel, dulzura para el alma y salud para los huesos».
Las palabras pueden herir, pero también pueden sanar. Una palabra amable y llena de gracia es como la miel que nutre, calma y trae paz al alma. Sé alguien cuyas palabras traigan sanación. Habla vida a los demás y deja que tu boca sea un instrumento del amor y la restauración de Dios.
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