«No os inquietéis por nada, sino que en todo, mediante la oración y la súplica, con acción de gracias, presentad vuestras peticiones a Dios; y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».
¿Preocupado? Empieza a orar. En lugar de caer en una espiral de miedo, presenta todo a Dios. Con gratitud, abre tus manos y tu corazón. Y luego deja que Su paz guarde tu corazón y tu mente como una fortaleza.
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