«Todo don bueno y todo regalo perfecto viene de arriba, y desciende del Padre de las luces, en quien no hay variación ni sombra de cambio».
Todos los dones verdaderamente buenos y perfectos provienen de Dios, el Creador inmutable. A diferencia de las circunstancias cambiantes, el carácter de Dios es estable y digno de confianza. Sus bendiciones reflejan su bondad constante.
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